Las 10 mejores tiendas de Vestidos de Novia en Sevilla

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SUMARIO

Bodas: tiendas de vestidos de novia en Sevilla

El vestido de novia a través del tiempo

Diez supersticiones relacionadas con las bodas en Occidente

El vestido de novia a través del tiempo

Al parecer, todo comenzó en Sumeria, Babilonia y Asiria.

En aquellos remotos tiempos se celebraban mercados de esposas o mujeres solteras al aire libre.

Allá iban hombres adinerados a comprar “compañera”.

La belleza física y el vestido eran factores fundamentales para despertar el interés del ojo masculino.

Puede decirse que ahí se inicia la historia del vestido de novia.

En China hay vestigios de tal costumbre desde hace 3.000 años, en plena dinastía Zhou.

Durante ese periodo se dictó un protocolo para bodas, que debían seguir por igual mujeres y hombres, que obligaba a vestirse para las ceremonias con botas negras, calcetines amplios de color rojo y ropa interior blanca.

En la posterior dinastía Han se instituyeron colores para los vestidos de novia según la estación elegida para la unión matrimonial.

Verde para la primavera.

Rojo para el verano.

Amarillo para el otoño.

Y negro para el invierno.

Hoy, el traje fénix color escarlata marca tendencia entre las novias chinas, aunque el rojo siga siendo el tradicional como símbolo de la felicidad y la prosperidad.

El rojo es el color predilecto también en India y muchos países orientales.

En la cultura americana precolombina, las novias se ataviaban con joyas de oro macizo y se pintaban todo el cuerpo, realizando ofrendas al Sol y la Luna con el fin de conseguir fecundidad y pedir una larga vida para la pareja de contrayentes.

En Occidente el vestido de novia se incluye en un proceso social más amplio y complejo que conjuga elementos muy dispares e incluso contradictorios: creencias antiguas, nuevas costumbres, supersticiones ancestrales y estatus social.

Una ilustración del siglo XV en Florencia representaba la boda bíblica de Ester, en la que la novia vestía un traje muy lujoso confeccionado con hilos de oro.

En la Edad Media es bien sabido que la gente de bien (y con posibles) se bañaba unas tres veces al año.

La fecha de boda se concertaba cerca del primer baño anual, en el mes de mayo, para evitar los malos olores acumulados desde la última limpieza integral.

El vestido era con mangas, en seda o terciopelo.

Las novias del pueblo llano se conformaban con tejidos de  lino o lana.

Los colores preferidos eran los mismos: rojo, azul o verde en tonos oscuros.

La alta nobleza se adornaba con encajes dorados.

En el Renacimiento, los vestidos de novia se hicieron en tonos dorados, con brocados de oro y en colores muy llamativos, acompañados de joyas, en concreto coral rojo o perlas como símbolo de la fertilidad.

Las novias de apellidos aristocráticos o de la alta burguesía financiera o comercial iban en caballo blanco desde su casa a la del novio.

Una procesión de invitados hacían el recorrido ritual con ella.

En aquellos tiempos, las bodas y sus ceremonias fastuosas formaban parte de transacciones comerciales de alto nivel entre grandes familias.

La tradición del vestido blanco, que aún perdura, tiene sus orígenes en diferentes novias reales: la princesa Philippa de Inglaterra, María Estuardo, reina de Escocia, la princesa Carlota, también de Inglaterra, y la reina Victoria.

El blanco siempre se ha asociado a la virginidad, la inocencia y la pureza de la novia.

En el siglo XVII, el azul era el color favorito de las novias.

Simbolizaba el amor verdadero.

Un siglo después, el vestido de boda se inspiró en las antiguas túnicas romanas.

Era muy ajustado al cuerpo.

En los años 20 del pasado siglo XX, los vestidos se acortaron un poco, utilizando seda la clase alta y lino o náilon las chicas casaderas de la clase baja o trabajadora.

En los años 50 se vivió la explosión de las enaguas y el can can.

Se pusieron de moda las faldas vaporosas en tul, los tocados a base flores enormes y los ramos de novia en formato cascada.

Todo con mucho vuelo.

La década de los 60 y los 70 fueron los años de la revolución hippie y del amor libre.

Reinó la minifalda, los trajes de novia de dos piezas, el pantalón-bota acampanado y los sombreros estrafalarios.

En contraste con este movimiento, regresó la alta costura (lady Di y sus secuelas).

El final de siglo y comienzos del XXI se caracteriza por lo ecléctico y el minimalismo extremo.

Diez supersticiones relacionadas con las bodas en Occidente

  1. Si ves una araña en tu vestido de novia… ¡¡¡grita a pulmón tendido!!! Es señal de buena suerte. No la mates ni la hagas daño
  2. El velo, desde el Imperio Romano, sirve para ahuyentara los malos espíritus
  3. Lleva en tu boda algo nuevo (futuro feliz), algo viejo (de una amiga, tal vez una liga) y algo azul (prestado por un familiar: simboliza la fidelidad y tienes que devolvérselo a su legítimo dueño)
  4. El día de tu boda no lleves perlas: traerán desgracia a tu matrimonio
  5. Las novias jamás deben mirarse al espejo a la luz de una vela. Es tentar al destino de modo inconsciente
  6. Llorar ante de las nupcias es desterrar para siempre el dolor y la desventura en el nuevo matrimonio
  7. La novia debe llevar un pañuelo para enjugar sus lágrimas. No vale pedir uno a los invitados
  8. El color amarillo da mala suerte y el verde es signo de envidia
  9. Las últimas puntadas del vestido debe darlas la novia. Atrae la buena suerte para el nuevo matrimonio en el momento de casarse
  10. El novio no debe ver a la novia con su vestido hasta el momento de la ceremonia religiosa o civil

¿Eres supersticiosa: un poco, nada, mucho?

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